Lo que para muchos sería impensable, para doña Catalina Mendoza se convirtió en un sueño cumplido. A sus 94 años decidió inscribirse en el Centro Escolar El Congo, en Santa Ana, impulsada por el entusiasmo de su hija Teresa Tobar, de 71 años, quien también retomó sus estudios en octavo grado. Juntas caminan hacia el aula cada tarde, demostrando que el deseo de aprender no entiende de edades.
“Siempre pensaba que me iba a dar vergüenza llegar yo a mi edad a la escuela”, relató doña Catalina. El primer día llegó con timidez, sintiéndose “abuela de todos”, pero pronto encontró comprensión y compañerismo. Hoy asegura sentirse feliz, integrada y motivada. Su hija confirma ese cambio: “Ahora ella tiene una meta”, cuenta, mientras explica que cada tarde su madre está lista mucho antes de salir rumbo a clases.
El director del centro educativo destacó que, aunque por años han atendido a personas adultas en jornada nocturna, es la primera vez que reciben a una estudiante mayor de 90 años, un hecho que marca un precedente en la comunidad educativa. Los docentes coinciden en que ambas son participativas, dinámicas y ejemplo para sus compañeros.
Madre e hija ya recibieron su paquete escolar y una tablet, al igual que los más de 1,300 estudiantes del centro. Más allá de los útiles y las aulas, su historia deja una lección profunda: nunca es tarde para comenzar, retomar o cumplir un anhelo. En cada tarea resuelta y cada clase atendida, Catalina y Teresa escriben una página inspiradora para El Salvador.
