En San Salvador hay rutas para todo: la del tráfico pesado, la del café de moda… y la que solo se recorre el 14 de febrero con vidrios arriba y música romántica de fondo. Es la ruta del placer, versión Día del Amor y la Amistad.
Mientras unos reservan mesa, otros reservan habitación. Desde la tarde, portones automáticos comienzan su coreografía constante. En Motel El Oso y Motel La Mansión, la fila de vehículos no es casualidad: es calendario.
Trabajadores confirman que el 14 de febrero está entre las fechas de mayor movimiento del año. Parejas jóvenes, matrimonios que se dan una escapada y enamorados que celebran “a su manera” coinciden en el mismo objetivo: privacidad por horas.
La dinámica es casi matemática: flores en el asiento trasero, entrada discreta, seis horas de alquiler y salida estratégica. El famoso plan “camperoso”, motel y luego pollo frito, sigue vigente como tradición urbana no oficial.
La ruta continúa por Motel El Pedregal, Motel El Íntimo y Motel La Campana, nombres que los capitalinos identifican sin necesidad de GPS. No hay anuncios luminosos extravagantes; hay discreción, que es el verdadero producto.
Las habitaciones no prometen lujo cinco estrellas, pero sí algo más valioso en una ciudad de paredes delgadas: un paréntesis. Aire acondicionado, televisión, baño privado y la posibilidad de celebrar sin testigos.
Porque en el Día del Amor y la Amistad no todo es selfie y cena elegante. También existe esta otra celebración, silenciosa y efectiva, que convierte al norte capitalino en el circuito más transitado y menos fotografiado de San Salvador.
