El Salvador tiene una oportunidad para desarrollar un turismo de lujo con identidad propia, aprovechando su diversidad de paisajes, riqueza cultural y la posibilidad de ofrecer experiencias exclusivas alejadas de los modelos tradicionales de otros destinos.
Esta es la valoración de Massimo Ianni, experto de origen italiano con más de 25 años de experiencia en el sector de la hospitalidad, creación de experiencias y manejo de destinos, quien ha recorrido distintas zonas del país para evaluar su potencial turístico.
Ianni visitó playas, lagos, volcanes y zonas de montaña. Aunque reconoce el posicionamiento que El Salvador ha alcanzado alrededor del surf, considera que el país cuenta con suficientes elementos para diversificar su oferta y atraer a viajeros interesados en naturaleza, gastronomía, café, historia, bienestar y experiencias regenerativas.
«El Salvador es muy conocido por su playa y los surfistas, pero realmente fue muy interesante descubrir también la potencialidad de las montañas, volcanes y lagos. Creemos que en eso también hay una oportunidad grande por ser un país tan diversificado. […] Creo que hasta ahora el turismo lo ha desarrollado de forma muy exitosa», comentó.
Su propuesta parte de una idea central: el turismo de lujo del futuro no necesariamente estará relacionado con hoteles excesivamente sofisticados o productos costosos, sino con la posibilidad de vivir experiencias auténticas y personalizadas.
En su opinión, subir un volcán para disfrutar de un picnic preparado con productos locales, acompañar a un pescador a capturar una langosta o conocer las propiedades de plantas y flores de una región pueden convertirse en experiencias de mayor valor para el visitante que una cena convencional de alta cocina.
«El lujo es reconocer los elementos que crean emociones y recuerdos en las personas. El lujo, es decir: “Yo fui a El Salvador, participé de un proyecto comunitario y dejé una huella positiva”. Eso es lujo. Entonces, no hay que mimar lo que hay afuera, sino que hay que ver lo que hay adentro y en la manera de sofisticarlo, pero sofisticarlo con genialidad, con esencia», señaló Ianni.
Desde esta perspectiva, el especialista considera que los hoteles también deben transformarse. Más que ofrecer únicamente alojamiento y servicios básicos, deberían convertirse en una puerta de entrada a experiencias que el visitante difícilmente podría conseguir por sí mismo.
Los pequeños hoteles, según Ianni, pueden aprovechar su escala para ofrecer mayor intimidad, conexión humana y acceso privilegiado a comunidades y territorios.
El especialista también señala la necesidad de profesionalizar al sector sin perder la identidad salvadoreña. La hospitalidad natural de la población debe complementarse con capacitación en servicio, gastronomía y gestión turística.
El objetivo, explicó, no es convertir a los trabajadores en «robots», sino elevar sus capacidades manteniendo la esencia local.
Para lograrlo, propone una mayor cooperación entre empresarios, hoteles y prestadores de servicios, así como la creación de circuitos que integren diferentes regiones del país. De esta manera, un visitante que llegue atraído por el surf podría complementar su estancia con una experiencia en un volcán, una noche junto a un lago o una actividad relacionada con el café.
Para Ianni, El Salvador cuenta con dos ingredientes fundamentales para desarrollar este modelo: una naturaleza extraordinaria y un factor humano con vocación de hospitalidad. La oportunidad, destaca, estará en convertir ambos elementos en experiencias únicas, rentables y sostenibles, sin sacrificar aquello que hace diferente al país.
En esa misma línea, la ministra de Turismo, Morena Valdez, afirmó que las tendencias actuales muestran que los turistas buscan destinos que les permitan vivir experiencias junto a las comunidades locales.
En ese sentido, destacó la importancia de ofrecer un servicio de calidad, ya que los visitantes están dispuestos a pagar más por este tipo de experiencias, particularmente entre las generaciones centennial y Z.
«Están dispuestos [los turistas] a pagar más para vivir esta experiencia, sobre todo en la generación centennial y Z, de vivir experiencias no masivas, sino con intercambios», afirmó la funcionaria.
La visión planteada apunta a que El Salvador puede fortalecer su oferta turística sin perder su esencia, aprovechando sus recursos naturales, su cultura y la hospitalidad de su gente para construir experiencias diferenciadas y con potencial dentro del segmento del turismo de lujo.

