El tranquilo paisaje del lago de Ilopango se encuentra sobre una enorme caldera volcánica. En el pasado, una erupción de magnitud excepcional transformó el territorio y tuvo efectos sobre las poblaciones mayas y el clima.
Parece un lago tranquilo, pero debajo de sus aguas se encuentra una gigantesca estructura volcánica. El lago de Ilopango se formó dentro de una caldera originada por grandes procesos eruptivos que transformaron el territorio salvadoreño.
Uno de los episodios más importantes fue la erupción Tierra Blanca Joven, un evento clasificado como VEI 6 y considerado por investigadores como una de las mayores erupciones de los últimos dos milenios.
La erupción cubrió extensas zonas con ceniza y piedra pómez y generó corrientes piroclásticas capaces de desplazarse decenas de kilómetros. El evento tuvo además un profundo impacto sobre las poblaciones mayas que habitaban la región.
La investigación científica ha permitido establecer que la erupción liberó grandes cantidades de azufre a la atmósfera y que sus efectos estuvieron relacionados con un período de alteraciones climáticas registrado en el hemisferio norte alrededor del siglo VI.
Pero Ilopango no es solamente historia. El MARN continúa monitoreando la caldera, que mantiene actividad volcánica y cuyo último episodio eruptivo reconocido corresponde a las Islas Quemadas, formadas durante la actividad de 1879-1880.
Por eso, detrás del paisaje azul y tranquilo del lago de Ilopango existe una historia de fuego, colapso y transformación que convirtió a este lugar en uno de los principales archivos geológicos de El Salvador.

