La Dirección General de Centros Penales confirmó la muerte de Carlos Ernesto Mojica Lechuga, alias “Viejo Lin”, uno de los principales líderes históricos de la pandilla Barrio 18 Sureños y considerado durante años como uno de los criminales más peligrosos y temidos de El Salvador.
Según la información oficial, falleció a causa de un fallo multiorgánico provocado por una cirrosis hepática. Su nombre estuvo ligado durante décadas a estructuras criminales señaladas por homicidios, extorsiones, amenazas y otros delitos que afectaron a miles de familias salvadoreñas.
De acuerdo con investigaciones policiales y fiscales, “Viejo Lin” fue uno de los fundadores e ideólogos de la Pandilla 18 en territorio salvadoreño tras ser deportado desde Estados Unidos en la década de los noventa.
Las autoridades sostienen que tuvo un papel clave en el crecimiento y fortalecimiento de la organización criminal en distintas zonas del país.
Entre los delitos por los que fue procesado o señalado figuran homicidios agravados, agrupaciones ilícitas, extorsiones, portación ilegal de armas y tenencia de explosivos.
También era identificado como uno de los cabecillas responsables de ordenar asesinatos, ataques contra pandillas rivales y castigos internos dentro de la estructura delincuencial.
Uno de los casos más recordados vinculados a “Viejo Lin” ocurrió en 2003, cuando fue acusado del asesinato de una joven de 16 años, un crimen que conmocionó al país por su extrema violencia. Posteriormente, fue condenado a 40 años de prisión junto a otros pandilleros.
Reportes de inteligencia e investigaciones periodísticas también señalaron que Mojica Lechuga mantenía control sobre operaciones de extorsión y cobro de “renta” incluso desde centros penales, coordinando acciones criminales y control territorial a través de estructuras organizadas.
Durante años, comerciantes, transportistas y habitantes de distintas comunidades vivieron bajo amenazas y violencia atribuidas a grupos criminales dirigidos por cabecillas como “Viejo Lin”, cuyo alias quedó marcado como uno de los símbolos más notorios de la violencia pandilleril en la historia reciente de El Salvador.
