Por: Nicolight Copernight (@RiclVabarianIgh)
Abres tu feed en X y el titular salta a la vista. La Prensa Gráfica cita a una “consultora internacional” que advierte sobre riesgos graves para salvadoreños deportados al sistema penitenciario del país. El lenguaje es técnico. El tono, alarmante. En cuestión de minutos, el informe es replicado por Factum, amplificado por El Faro y validado por decenas de cuentas verificadas que expresan una indignación casi coreografiada.
Todo parece legítimo. Quizás demasiado legítimo.
La Prensa Gráfica
@prensagrafica
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Una consultora en derechos humanos publicó un informe detallando “los graves riesgos” que enfrentan salvadoreños que han sido o serán deportados o extraditados hacia el sistema penitenciario de El Salvador.
Si te detienes a observar el patrón —no el contenido aislado, sino la secuencia completa— emerge una hipótesis inquietante: ¿Y si lo que estás viendo no es un estallido espontáneo de preocupación ciudadana, sino un consenso manufacturado? Una operación diseñada para parecer orgánica. Eso que percibes como césped natural es, en realidad, plástico verde cuidadosamente instalado. Bienvenido al astroturfing.
Cómo el astroturfing fabrica consensos artificiales en el debate internacional sobre El Salvador
Respondamos primero una pregunta básica: ¿qué es el astroturfing? El Cambridge Dictionary lo define como:
ASTROTURFING: “la práctica de publicar opiniones o comentarios en Internet o en los medios que aparentan provenir del público general, pero que en realidad son promovidos por una empresa o un grupo político con el fin de simular apoyo espontáneo”. Ref.:
El astroturfing no se prueba con una sola evidencia, sino con la acumulación de señales convergentes. No se trata de demostrar una mentira puntual, sino de exponer una arquitectura de manipulación. En el caso salvadoreño, esa arquitectura presenta rasgos que se repiten con una precisión difícil de atribuir al azar.
En el caso de esta noticia, todo empieza con la aparición súbita de organizaciones que se autodefinen como ONGs o consultoras internacionales. No emergen de procesos históricos reconocibles, no tienen trayectorias públicas verificables y no figuran en registros tradicionales en los países que afirman estar radicados. Sin embargo, irrumpen con fuerza justo cuando el debate político alcanza picos de tensión internacional.
NAL
@nalhumanrights
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El intento de deportar a un periodista salvadoreño exiliado presenta la crisis de derechos humanos en El Salvador. Nuestro informe advierte los riesgos que los exiliados salvadoreños devueltos podrían enfrentar, en violación del derecho internacional. https://nalhumanrights.com/post/deportados-hacia-el-peligro-el-riesgo-de-tortura-que-enfrentan-los-exiliados-salvadore%C3%B1os-si-son-de
Una de estas entidades —citada recurrentemente en redes y artículos de opinión— aparece registrada digitalmente en enero de 2026. Su sitio web fue construido en una plataforma de bajo costo -Wix-, carece de información clara sobre su junta directiva, no presenta estados financieros y no muestra actividad previa al evento político que supuestamente motiva su preocupación. Aun así, comienza a ser presentada en redes y artículos de opinión como ‘voz experta’ en derechos humanos..
Esta captura documenta la fecha de creación de la cuenta de X de la entidad citada como consultora internacional. Para investigadores en desinformación, la aparición de perfiles días antes de su amplificación mediática es un patrón recurrente en campañas de astroturfing.
Cualquiera podría decir que ésto no es una una prueba concluyente; aún si no lo fuera, estás ante un indicio crítico: cuando una organización afirma autoridad moral sin dejar huellas administrativas, legales o históricas de su trabajo, la carga de la prueba no recae en quien duda, sino en quien se presenta como fuente.
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Este video muestra la navegación íntegra de
, un sitio que apareció en línea semanas antes de ser citado por medios y cuentas influyentes como fuente internacional. La ausencia de información básica —dirección legal, responsables identificables o archivos previos— es una de las señales que investigadores utilizan para detectar campañas de astroturfing. Solo conocemos a su único editor que comparte artículos en otros medios con baja legitimidad en El Salvador.
La ingeniería del consenso artificial
El mecanismo que observas no es improvisado. Responde a una lógica industrial, optimizadas para explotar los algoritmos de las plataformas, los atajos cognitivos del público y, en algunos casos, cumplir criterios formales para la obtención de financiamiento internacional.
- Primero, el arbitraje jurisdiccional. El uso de nombres que evocan Europa —Países Bajos, organismos “internacionales”, marcos regulatorios implícitos— no es casual. Funciona porque sabes que la mayoría de los usuarios no verificará registros mercantiles extranjeros. El nombre basta para inducir credibilidad.
- Luego viene la ventriloquía institucional. El lenguaje empleado replica casi palabra por palabra los marcos discursivos de organizaciones de derechos humanos consolidadas y certificadas. No se trata de creatividad, sino de mimetismo estratégico: parecerse lo suficiente para no ser cuestionado.
- El tercer paso es el lavado algorítmico. El informe no se publica para ser leído; se publica para ser amplificado. Cuentas con X Premium lo difunden de manera sincronizada. El algoritmo interpreta volumen y velocidad como relevancia. Lo que era marginal se convierte en “tendencia”.
- Finalmente, el eco mediático. Medios tradicionales citan publicaciones en X como fuente primaria. En ese instante, el circuito se cierra: una web sin historial se transforma, por repetición, en “referencia internacional”.
No estás viendo necesariamente periodismo de investigación. Estás viendo autorreferencia circular amplificada.

Nicolight Copernight
@RiclVabarianIgh
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Y para evitar confusiones, nalhumanrights no es lo mismo que el Instituto de Derechos Humanos de los Países Bajos (Netherlands Institute for Human Rights), ese sí es oficial y acreditado con estatus ‘A’, pero su sitio web es diferente. Este es el portal oficial del institutoMostrar más
Este post ilustra uno de los mecanismos centrales del astroturfing: el uso de nombres y referencias geográficas que evocan institucionalidad internacional, aun cuando no existe afiliación con organismos acreditados.
Para entender la magnitud de la confusión generada -a propósito-, es necesario aclarar qué instituciones sí cuentan con reconocimiento internacional en materia de derechos humanos en El Salvador. En X, una aclaración posterior introdujo ese contraste de forma explícita:

Nicolight Copernight
@RiclVabarianIgh
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Y para aclarar con el fin de evitar confusiones: La organización reconocida por la GANHRI (Global Alliance of National Human Rights Institutions) como la National Human Rights Institution (NHRI) de El Salvador, con estatus de acreditación, es la Procuraduría para la Defensa deMostrar más
En el caso de El Salvador,
por la Global Alliance of National Human Rights Institutions (GANHRI), el organismo internacional encargado de evaluar y certificar a las instituciones nacionales de derechos humanos conforme a los Principios de París. Esta acreditación reconoce independencia institucional, mandato legal y funcionamiento conforme a estándares internacionales.
En contraste, en redes sociales y páginas web comenzó a circular la entidad identificada como nalhumanrights –que se ha utilizado como ejemplo desde el inicio-, presentada en algunos medios y espacios como “consultora internacional” en derechos humanos. Sin embargo, no existe evidencia pública de afiliación, acreditación o vínculo institucional entre dicha entidad y organismos oficialmente reconocidos como la GANHRI o el Netherlands Institute for Human Rights, una institución distinta, acreditada y con portal oficial claramente identificable.
La precisión no es menor: mientras una entidad sin historial verificable comenzaba a circular como referencia internacional, la institución oficialmente acreditada quedaba fuera del centro del debate mediático.
El círculo cerrado del ecosistema mediático
Recapitulemos. En El Salvador, el astroturfing no opera de forma improvisada: adopta una arquitectura eficiente y predecible. La información no circula libremente, sino dentro de un circuito cerrado en el que los mismos actores se citan entre sí, fabricando la apariencia de corroboración independiente.
El patrón se repite. Todo comienza con un columnista, político o activista con presencia recurrente en varios medios digitales de línea militante. Ese actor introduce entonces el informe de una supuesta “consultora” u “ONG de derechos humanos”. El documento es retomado de inmediato por otros portales afines, que lo presentan como evidencia externa y lo elevan a la categoría de “preocupación internacional”. Para el lector promedio, la coincidencia de voces sugiere consenso. En realidad, todas beben del mismo pozo.
El engranaje del consenso artificial: La multiplicación de voces crea la ilusión de consenso, aunque todas parten de la misma fuente.
En realidad, este tipo de operaciones se dirigen a audiencias internacionales angloparlantes, a tomadores de decisión, a organismos multilaterales. No es una campaña de información; es una campaña de percepción: no se intenta demostrar un hecho nuevo, sino instalar una sospecha persistente. El objetivo no es probar un abuso concreto, sino erosionar la confianza. En este esquema, la repetición sustituye a la evidencia.
Cómo puedes detectar la manipulación por ti mismo
No necesitas acceso a laboratorios de datos para identificar señales de astroturfing. Tampoco es necesario que seas un experto analista de datos o un hábil informático. Basta con aplicar un protocolo básico de verificación:
- Audita el dominio. Si la ONG afirma años de trabajo, pero su dominio fue registrado días antes del escándalo, no estás ante una coincidencia. Usa por ejemplo: whois.org Las ONGs serias tienen servidores propios o servicios corporativos. Las «fábricas de astroturfing» suelen usar Wix, Squarespace, Blogger o hosting de 2 dólares para poder cerrarlas y abrir otras en cuestión de horas si son descubiertas.
- Analiza el lenguaje. La repetición literal de frases en cuentas supuestamente independientes indica coordinación.
- Rastrea el pasado digital. La ausencia total de historial en la Wayback Machine es una señal de alerta.
- Examina las identidades. Fotografías genéricas, rostros sin presencia previa, expertos sin huella académica verificable.
Ninguno de estos elementos prueba culpabilidad por sí solo. Todos juntos construyen una inferencia razonable.

Nicolight Copernight
@RiclVabarianIgh
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Te causó una reacción emocional muy grande? No confíes. Las #FakeNews se hacen para causar grandes emociones: rechazo o apoyo. ¿Confirma alguna convicción personal? También es una técnica habitual de las #FakeNews. Les encanta enojarte o darte razones para apoyar una causa.
No es solo desinformación: es una disputa por la realidad
El astroturfing no busca convencerte de una mentira específica. Busca algo más peligroso: hacerte dudar de todo. Saturarte. Agotarte. Lograr que ya no distingas entre denuncia legítima y operación psicológica.
Es una industria de bajo costo y alta rentabilidad que se sostiene en tus emociones, en tu sesgo de confirmación y en la presión social que ejercen los números. Likes. Retuits. Tendencias.

Nicolight Copernight
@RiclVabarianIgh
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7 GRUPOS DE PRESIÓN Esta es una razón más sutil. La presión que ejercen los anunciantes en la redacción influye en la forma en que se presentan las noticias. Y la presión recae en los redactores, fotógrafos, maquetadores, diseñadores, entre otros.
Por eso, la defensa no es únicamente institucional. Es cognitiva.
Cuando estos elementos convergen —orígenes opacos, «falacias del experto», amplificación sincronizada y validación circular— el resultado no es información verificable, sino una arquitectura de sospecha que erosiona la confianza pública, no estás obligado a creer. Estás obligado a preguntar.
Y en ese acto —dudar, verificar, resistir la indignación automática— comienza la verdadera soberanía informativa
