En el Centro Histórico de San Salvador, frente a la emblemática Plaza Libertad, se alza la Iglesia El Rosario, una obra maestra del modernismo brutalista diseñada por Rubén Martínez Bulnes e inaugurada en 1971. Sus muros de concreto expuesto, su nave sin columnas interiores y sus vitrales multicolores que bañan de luz el espacio sagrado la convierten en uno de los templos más singulares de Centroamérica.
Pero el valor de la iglesia va más allá de su arquitectura: El Rosario es también un sitio de memoria histórica y dolor. Durante un levantamiento en la Plaza Libertad, manifestantes fueron atacados por fuerzas de seguridad, dejando decenas de muertos y heridos. Muchos buscaron refugio en la iglesia, cuyos frailes abrieron puertas para proteger a quienes huían. Sin embargo, los cuerpos de 21 manifestantes que no pudieron ser trasladados permanecieron dentro del recinto, donde fueron enterrados por los propios refugiados en señal de respeto y memoria.
Desde entonces, 21 cruces de hierro fueron colocadas sobre el pórtico como símbolo de recuerdo y protesta, y una placa conmemora a los asesinados, integrando el templo no solo como un lugar de culto, sino también de memoria, lucha y resistencia popular.
Hoy, mientras la luz atraviesa sus vitrales y crea un espectáculo de color que contrasta con su fachada de concreto crudo, la Iglesia El Rosario permanece como testigo vivo de la historia salvadoreña: un lugar donde el arte, la fe y los recuerdos de quienes lucharon por justicia y democracia convergen en silencio reverente.
